Hiperlordosis y Rectificación cervical: comprendiendo la adaptación postural

La Columna Cervical: Más allá de una “forma ideal”

Cuando observamos la columna cervical (zona del cuello) de perfil en una posición anatómica estática de referencia (posición de pie con los brazos junto al cuerpo), la descripción anatómica clásica reconoce una curva suave de concavidad posterior; esa curva es la manifestación de la llamada lordosis cervical, producto de la organización postural de las vértebras cervicales.

Esta curva, habitualmente descrita como parte de la organización fisiológica cervical, responde a aspectos estructurales (la forma de las vértebras y de los discos intervertebrales) y funcionales (relación con la región dorsal, tensión miofascial, orientación de la cabeza y demandas del equilibrio). Esta relación con lo estructural y funcional hace que, en la realidad, la curva cervical no sea un detalle estético ni una “forma ideal” que todos deban reproducir exactamente igual.

Por otra parte, más allá de lo que se observa en la posición de referencia anatómica, la curva cervical cambia y lo hace en relación a los cambios de posición y como parte de la organización funcional de la columna: esto contribuye a distribuir cargas, orientar la cabeza en el espacio, sostener la mirada horizontal, permitir movilidad, compensar comportamientos posturales presentes en la región dorsal y participar en el equilibrio general del cuerpo, por citar algunos. Es así que la curva se modifica, aumentando y disminuyendo constantemente, para responder a las diversas necesidades funcionales.

Es por eso que, en primer lugar, queremos plantear que la lordosis cervical y sus cambios deben interpretarse como expresión de la individualidad vinculada a diversos aspectos: la edad, el estado estructural de discos y vértebras, la morfología corporal personal, los hábitos de movimiento y el tipo de trabajo realizado, la respiración, la visión, la función masticatoria y deglutoria, la historia de lesiones y la presencia o ausencia de síntomas.

Hiperlordosis y Rectificación: ¿Patología o Comportamiento?

Dicho lo anterior, muchas veces en informes radiológicos aparecen términos como hiperlordosis o rectificación cervical, o los profesionales de la salud informan a pacientes sobre la presencia de estas situaciones. Esto muchas veces termina por generar preocupación y las personas suelen incorporar a sus discursos frases como: “tengo la columna rectificada”, “perdí la curva cervical”, “tengo problemas cervicales” o “me duele porque tengo la curva cervical aumentada”, etc.

Es real que en muchas personas la curva cervical, analizada en la posición anatómica de referencia, no presenta esa forma clásica que vemos en los libros de anatomía. Por lo dicho anteriormente en relación con las curvas y los factores que las condicionan, podemos comprender perfectamente que sea así. De ese modo, al analizar la organización postural, podemos encontrar lo que denominamos “comportamientos posturales”. Un comportamiento postural es una forma de organización corporal observable clínica o radiológicamente en la posición anatómica de referencia (de pie o incluso en posición sentada, con los brazos junto al cuerpo), pero que no debe interpretarse solo como una imagen estática, sino como la expresión de un modo en que el cuerpo distribuye tensiones, organiza apoyos, regula el tono muscular, orienta la cabeza y resuelve sus necesidades funcionales en un contexto determinado.

Es así que la pérdida de lordosis o el aumento de la misma, al estar presentes en la posición anatómica de referencia, se consideran comportamientos posturales. ¿Esto implica un problema? En sí mismo, no; y mucho menos una patología. El cambio en la organización postural puede ser una forma de adaptación eficiente, una estrategia para sostener una función o incluso un mecanismo de defensa ante una experiencia dolorosa. Por ejemplo, frente a dolor cervical, mareos, sensación de inestabilidad, tensión mandibular o irritabilidad de los tejidos, el cuerpo puede limitar ciertos movimientos y buscar una posición que le resulte más segura. En ese contexto, una rectificación cervical puede aparecer como una estrategia de protección: disminuir la movilidad, aumentar el tono muscular y reducir la exposición a gestos que se perciben como amenazantes. Desde una mirada clínica más amplia, conviene ser prudentes: la forma de la curva cervical, por sí sola, no explica necesariamente el dolor ni define la gravedad de un problema. Este es uno de los tantos ejemplos donde la coexistencia no implica necesariamente causalidad. No estamos diciendo que esa relación no pueda existir; decimos que, en todo caso, debe ser evaluada clínicamente y no asumida de manera automática.

La Visión Global de la RPG

Es por ello que en RPG, más que hablar de “postura correcta” o “postura incorrecta”, resulta más útil hablar de comportamientos posturales organizados en función de algo.

Por ejemplo, una hiperlordosis cervical puede formar parte de una estrategia más global. En ocasiones se vincula con una proyección anterior de la cabeza, una mayor demanda de los músculos posteriores del cuello o intentos de mantener la mirada horizontal cuando otras regiones del cuerpo modifican su organización, como puede ocurrir ante un aumento de la cifosis dorsal. También puede expresar la combinación de varios de estos factores. No se trata simplemente de “músculos acortados” o de “mala postura”, sino de una solución corporal que puede haber sido útil en determinado momento, aunque con el tiempo se vuelva rígida, costosa o sintomática.

Desde la Reeducación Postural Global, estas modificaciones no se interpretan de manera aislada. La cervical no se evalúa separada del tórax, la pelvis, la respiración, los miembros superiores, la mandíbula, la mirada y la forma en que la persona usa su cuerpo en la vida cotidiana. Una rectificación o una hiperlordosis pueden ser la expresión visible de una organización más amplia del sistema corporal. Por eso, el objetivo no es “forzar” una curva cervical ideal, sino comprender qué función cumple esa organización en esa persona, en ese momento y en ese contexto. Para luego decidir los lineamientos de intervención.

Esta diferencia es importante. Si una postura es una defensa, corregirla bruscamente puede aumentar la amenaza. Si es una adaptación, eliminarla sin comprender su función puede dejar al cuerpo sin una estrategia disponible. Y si se ha vuelto rígida, el trabajo terapéutico no consiste en imponer una forma externa, sino en devolver opciones: más movilidad, mejor distribución del tono, mayor conciencia corporal, respiración más disponible y menor necesidad de sostener tensiones defensivas.

Evaluación Clínica y Tratamiento Integral

La evaluación clínica permite distinguir cuándo una modificación postural es flexible y funcional, cuándo está asociada a dolor o limitación, y cuándo requiere una mirada más específica. No toda rectificación cervical o hiperlordosis es un problema. Y no todo dolor cervical se explica por la forma de la curva. El dolor es una experiencia compleja, influida por factores biomecánicos, neurofisiológicos, emocionales, contextuales y funcionales.

En RPG, el trabajo se orienta a construir una relación más flexible con la postura. Esto implica observar cómo la persona se sostiene, cómo respira, cómo se mueve, qué zonas evita, dónde acumula tensión y qué recursos utiliza para resolver sus actividades cotidianas. A partir de allí, las posturas de tratamiento permiten poner en tensión progresiva los sistemas de coordinación neuromuscular, favorecer la percepción corporal, modular el tono, recuperar movilidad y reorganizar el gesto sin perder de vista la globalidad.

Pensar la hiperlordosis y la rectificación cervical como comportamientos posturales nos permite salir de una lectura reducida de la postura como forma fija. La pregunta clínica no debería ser solamente “¿cuánta curva tiene la cervical?”, sino: ¿qué está intentando resolver el cuerpo con esta organización?, ¿qué función cumple?, ¿qué síntomas o limitaciones la acompañan?, ¿es flexible o rígida?, ¿permite moverse mejor o se ha convertido en una carga?

La postura no es una foto detenida del cuerpo. Es una conducta viva, cambiante, situada. En ella se expresa la historia de cada persona, sus hábitos, sus defensas, sus posibilidades y sus modos de adaptarse. Por eso, cuando hablamos de hiperlordosis o rectificación cervical, no hablamos solo de una curva: hablamos de una forma particular de estar, protegerse, compensar y funcionar.

Desde esta mirada, el tratamiento no busca perseguir una postura perfecta, sino acompañar al cuerpo a recuperar disponibilidad, confianza y capacidad de movimiento. Porque muchas veces el problema no es tener una curva diferente, sino haber perdido la posibilidad de cambiar.


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Artículo redactado por:
Mario Korell
Lic. Kinesiólogo Fisiatra MN 5055
Prof. Universitario
Mag. En Educación para Profesionales de la Salud
Director de RPG Latam

Blog RPG Latam © 2025 por Mario Korell

Esta obra está bajo una licencia CC BY-NC-SA 4.0

CC BY NC SA

Referencias

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