Uno de los propósitos de la evaluación en RPG es identificar comportamientos posturales, no porque estos sean una cuestión a corregir, sino para tratar de establecer de qué manera se vinculan los comportamientos como condicionantes de la función o su relación con la sintomatología presente en el paciente. Desde esta perspectiva, un comportamiento postural es el resultado provisorio de una historia.
Rubén, electricista de 48 años, llega a la consulta por una lumbalgia que lo acompaña desde hace varios meses. Trabaja gran parte de la jornada con los brazos por encima de la cabeza, sostiene posiciones incómodas en espacios reducidos y ha ido organizando su cuerpo para poder seguir haciéndolo. Su postura no es un capricho anatómico: dice algo. La pregunta que abre este artículo es precisamente cómo identificar eso que la postura dice y, sobre todo, cómo interpretarlo.
El comportamiento postural: cuando una tendencia cobra sentido clínico
Un comportamiento es una tendencia observable mediante la evaluación clínica de la organización postural de una determinada zona corporal. En algunos casos, el comportamiento postural puede relacionarse con factores estructurales o funcionales, provocando una disminución cuantitativa o cualitativa de la capacidad funcional o actuando como factor de predisposición a la aparición de sintomatología en el Sistema de Movimiento Corporal (SMC). La evaluación busca entender cómo están relacionados los comportamientos posturales, los cambios en el funcionamiento y los síntomas. Su objetivo es enfocarse en los factores funcionales, sin dejar de lado el aspecto estructural que a menudo influye de manera irreversible (Souchard, 2012).
Esto nos lleva a considerar que, ante una manifestación clínica -cambios en la capacidad funcional o presencia de síntomas en el SMC-, la presencia de un comportamiento postural está diciendo algo. Y es el propósito de la evaluación clínica la que mediante el razonamiento, busca comprender ese algo.
En Rubén, la lectura postural muestra, entre otros aspectos, una tendencia a la rectificación de la lordosis lumbar acompañada de una marcada cifosis dorsal. Aquí es donde conviene preguntarse: ¿qué relación puede haber entre esa organización postural y aquello que trae a Rubén a la consulta?
Identificar: la evaluación como acto epistemológico
Identificar comportamientos posturales se vincula con interpretar cómo un organismo vivo ha organizado su existencia alrededor de sus compensaciones, sus dolores, sus necesidades y sus capacidades, en respuesta a su historia y su entorno. Evaluar es, en este sentido, el momento en que dos sistemas complejos -kinesiólogo y paciente- entran en una relación dialógica que les permite construir significado (García, 2006; Morin, 1990). No partimos de un cuerpo-objeto, sino de un cuerpo vivido, desde el cual la persona habita y da sentido a lo que le ocurre (Merleau-Ponty, 1945).
Los instrumentos clínicos que aporta la RPG para esta lectura son el análisis de las seis zonas y la reequilibración. El primero es el que se ocupa de dar los parámetros para realizar la detección de los comportamientos; el segundo permite establecer la relación de estos con la capacidad funcional y los síntomas.
La evaluación radiológica complementa esta mirada sin reemplazarla. Su valor reside en aportar información sobre el componente estructural -que escapa a la observación de la superficie corporal- y, así, confirmar, matizar o relativizar lo visto clínicamente. Confirma cuando la imagen coincide con la observación corporal; matiza cuando revela que parte de lo visto responde a una conformación ósea; y relativiza cuando recuerda que la correlación entre hallazgos estructurales y síntomas es, en muchos casos, débil (Brinjikji et al., 2015).
En Rubén, la radiografía confirma la tendencia a la rectificación de la lordosis lumbar y permite reconocer cambios estructurales menores, esto lleva a la necesidad de discriminar qué parte de su comportamiento es estructura consolidada y qué parte sigue siendo función disponible para el cambio.
Interpretar: ¿estrategia de adaptación o mecanismo de defensa?
Aquí está el núcleo del razonamiento: un mismo comportamiento postural puede leerse en dos claves, como estrategia de adaptación o como mecanismo de defensa, las cuales mantienen entre sí una profunda vinculación (Souchard, 2011).
Como estrategia de adaptación (EA), el comportamiento postural es interpretado como un recurso por medio del cual el sistema de movimiento corporal (SMC) intenta sostener su funcionalidad. Mediante cambios en la postura, el sistema elabora las adaptaciones necesarias para mantener la capacidad de responder a las demandas que las personas tenemos que enfrentar cotidianamente. El sistema, capaz de auto organizarse, redistribuye cargas y reorganiza la postura para seguir cumpliendo con las demandas estáticas (mantener posiciones) y dinámicas (caminar, levantar peso, trabajar con los brazos en alto). De ese modo el nivel de función se mantiene con la máxima eficiencia y el mínimo esfuerzo posible.
Leída en clave de estrategia de adaptación, la tendencia a la rectificación lumbar y la marcada cifosis dorsal de Rubén puede llegar a constituir la estrategia de adaptación que le permite mantener cierto nivel de funcionalidad.
Como mecanismo de defensa (MD), el mismo comportamiento se organiza para minimizar el impacto de aquello que el sistema interpreta como una amenaza o perturbación, intentando reducir o suprimir la sintomatología. Los MD se vinculan a nivel corporal con los comportamientos de protección: la reacción de defensa, sustentada en un incremento del tono muscular basal, y la huida, caracterizada por modificaciones posturales adaptativas que buscan alejarse del estímulo nocivo. Estos mecanismos contribuyen, además, a regular los niveles de Tensión Vital. En esta clave, la postura de Rubén puede entenderse como una organización tónico-postural orientada a esquivar el dolor: el cuerpo se “acomoda” para que duela menos.
Leída en clave de mecanismo de defensa, la tendencia a la rectificación lumbar y la marcada cifosis dorsal de Rubén puede llegar a constituir el MD que le permite dejar de percibir síntomas constantes.
¿Cómo se relacionan las EA y los MD para evitar los síntomas?
Los MD requieren de las EA para poder elaborar las adaptaciones necesarias para suprimir o disminuir la sintomatología: cuando la persona enfrenta una situación que percibe como riesgo funcional o incomodidad corporal, “solicita” a las estrategias de adaptación los cambios posturales que reducen ese impacto. El problema es que toda EA, aun siendo necesaria y efectiva, genera efectos adversos. A medida que el movimiento articular y la flexibilidad miofascial disminuyen, el sistema dispone de menos recursos para adaptarse, lo que favorece la aparición de conflictos funcionales, síntomas e incluso lesiones que devuelven el estado sintomático, aunque muchas veces modificado.
¿Cómo se interpreta la situación de Rubén desde esa relación?
Desde la perspectiva de las EA y MD se pueden elaborar dos hipótesis:
La primera es que Rubén, a partir de presentar síntoma lumbar, puso en marcha los MD corporales, los que han recurrido a las EA para reducir la lordosis lumbar e incrementar la cifosis dorsal. Con ello, el SMC pudo reducir los niveles de sintomatología, lo cual hace que esta asociación se consolide. Rubén, con el tiempo y en clave enactiva, ha sedimentado la situación a nivel corporal. Si bien esto le ha permitido evitar el síntoma, lo ha dejado con menos movilidad lumbar y dorsal, aspecto que se pone de manifiesto cada vez que Rubén necesita disminuir su cifosis o incrementar su lordosis lumbar.
La segunda es que Rubén, debido a la situación postural y funcional en la que se encuentra, no puede recurrir a las EA para hacer frente a las demandas corporales que le impone su trabajo. Esto lleva a una sobrecarga en el cuerpo que el SMC no puede manejar y, debido a la acumulación de este problema, se presenta como dolor.
En la primera hipótesis, el síntoma es un factor que conduce a la modificación postural y luego funcional. En la segunda, es la situación postural y funcional un factor que conduce al síntoma.
Rubén no entiende de EA ni de MD, tampoco de análisis funcional, sin embargo, su condición encarnada le permite detectar que cada vez que tiene que trabajar con brazos en alto o ubicar su cuerpo en posiciones “forzadas” se reinstala el dolor.
La implicancia clínica
Comprender esta doble naturaleza cambia el sentido de la intervención. Si el comportamiento postural de Rubén es a la vez una estrategia para seguir trabajando y una defensa para sufrir menos, corregirlo mecánicamente -“alinearlo”- sería desmantelar una solución sin haber resuelto el problema que la justifica. Esto conduce a la necesidad de indagar qué se esconde detrás de esas EA y MD. Si, por el contrario, el síntoma es producto de la situación postural y la disminución de la capacidad funcional la intervención se va a enfocar en devolverle al sistema de movimiento corporal su capacidad de adaptación: liberar la rigidez que lo empobrece para que las EA puedan seguir operando, pero con menos efectos secundarios.
Identificar comportamientos posturales, entonces, es solo el comienzo. Lo que transforma la práctica clínica es la pregunta que viene después: ¿qué intenta resolver este cuerpo cuando se organiza así? Mirar la postura de Rubén con esa pregunta en mente es, en definitiva, dejar de ver un cuerpo desviado para empezar a comprender un sujeto que se adapta.
La interpretación en base al razonamiento clínico apoyado en los datos aportados por la entrevista y la exploración física, particularmente el análisis postural y la re equilibración, es quien permitirá dar mayor peso a una u otra de estas hipótesis. De cualquier modo, ambas deben vincularse con otras posibles y, sobre todo, ser puestas a prueba mediante la estrategia de intervención (Souchard, 2016).
Artículo redactado por:
Mario Korell
Lic. Kinesiólogo Fisiatra MN 5055
Prof. Universitario
Mag. En Educación para Profesionales de la Salud
Director de RPG Latam
Referencias
Brinjikji, W., Luetmer, P. H., Comstock, B., Bresnahan, B. W., Chen, L. E., Deyo, R. A., Halabi, S., Turner, J. A., Avins, A. L., James, K., Wald, J. T., Kallmes, D. F., & Jarvik, J. G. (2015). Systematic literature review of imaging features of spinal degeneration in asymptomatic populations. American Journal of Neuroradiology, 36(4), 811–816. https://doi.org/10.3174/ajnr.A4173
García, R. (2006). Sistemas complejos: Conceptos, método y fundamentación epistemológica para la investigación interdisciplinaria. Gedisa.
Merleau-Ponty, M. (1945). Fenomenología de la percepción. Planeta-Agostini.
Morin, E. (1990). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.
Souchard, P. (2011). Reeducación Postural Global: RPG, el método. Elsevier.
Souchard, P. (2012). RPG: Principios de la Reeducación Postural Global. Elsevier.
Souchard, P. (2016). De la perfección de la forma a la función. Editorial Médica Panamericana.